sábado, octubre 15th, 2016

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Los Milagros como Evidencia

Hay muchos cristianos que aseguran que el tiempo de los milagros ya pasó, son una especie de escépticos cristianizados, no existe un sólo versículo de la Biblia que respalde esa afirmación. Estos son los que destruyen la autenticidad de los Evangelios al rechazar los milagros, negando las bases del cristianismo. El seudo cristiano une sus fuerzas con el ateo; ya que ninguna excusa podrá silenciar la verdad de la Biblia.

Al mismo tiempo algunos afirman que: << No podemos demostrar que una revelación sea divina, si no hay evidencias externas >>.Esta afirmación involucra un problema que explicaremos mediante esta ilustración. Supongamos que aparece un extraño en cualquier ciudad de Estados Unidos, que es el portador de una «revelación divina» y como una acreditación de su mensaje exhibe poderes milagrosos. Asumamos que después de una investigación, se establezca la realidad de los milagros. Aquí surge una confrontación práctica. Si el «argumento cristiano» es correcto estamos obligados a aceptar cualquier tipo de Evangelio que este proclame. Y nadie que conozca algo de la naturaleza humana dudará que será muy bien recibido.

No obstante, el cristiano sería guardado de ello por las palabras del apóstol Pablo: » Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciara otro evangelio contrario al que hemos anunciado, sea anatema». El cristiano lo abandonaría en el acto. Además insistiría en aplicarle al obrador de milagros la prueba de la Biblia, y al hallarlo en contradicción con el evangelio que ya había recibido lo rechazaría, en otras palabras no aprobaría el mensaje por los milagros, sino por una revelación precedente que encontramos en la Biblia.

En el caso que Cristo viniera a fundar una nueva religión, y que el cristianismo fuera recibido en el mundo a causa de los milagros, estas son aseveraciones casi universales de la cristiandad. Puede ser alarmante que podamos mantener ambas afirmaciones, que son igualmente erróneas, y de la misma manera el cristianismo sería perjudicado por el error, pero a pesar de ello, esta es la conclusión a que apunta el anterior argumento, y que nos llevará a una investigación exhaustiva y muy cuidadosa. ¿Acaso no es un hecho que aquellos entre los cuales se obraron los milagros que Cristo hizo, fueron los mismos que después los crucificaron? ¿Acaso no es un hecho que al retarlo a que hiciera milagros para que apoyara sus afirmaciones mesiánicas, El se rehusó a hacerlo?” Entonces le respondieron algunos de los escribas y fariseos, diciendo: Maestro, queremos ver una señal de parte tuya. Pero respondiendo El, les dijo: Una generación perversa y adúltera demanda señal, y ninguna señal se le dará, sino la señal de Jonás el profeta: porque como estuvo Jonás en el vientre del monstruo marino tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra» (Mateo 12:38-40).

No obstante, al resumir este argumento, << se admite el hecho de que el cristianismo, fue recibido en el mundo sobre la base de la creencia en los milagros >>. Y esto es lo que los nuevos convertidos al cristianismo podrían haber alegado como su razón para haberlo abrazado. Sin Embargo ¿dónde radica la autoridad para apoyar estas afirmaciones? A ninguno de los discípulos del Señor se hubiera atribuido su fe sobre ésta base. La narración de la primera Pascua del ministerio de Cristo, parecería refutar esto, pero, es de hecho, la más clara prueba de todo lo contrario.» Cuando estaba en Jerusalén durante la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre al ver las señales que hacía. Pero Jesús, por su parte, no confiaba en ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diera testimonio del hombre, pues El sabía lo había en el hombre» (Juan 2:23-25).

Más adelante sigue la historia de Nicodemo, que era uno de estos «convertidos» a causa de «las señales que tú haces» Y se le tuvo que enseñar que no es el conocimiento lo que se precisa para el reino, sino poseer la vida, y esta vida tiene que empezar por el «nuevo nacimiento». El apóstol Pedro que participó en un privilegio especial al contemplar el milagro mayor, la Transfiguración en el monte santo dice lo siguiente: » Pues habéis nacido de nuevo, no de una simiente corruptible, sino de una que es incorruptible, es decir, mediante la palabra de Dios que vive y permanece» (1 P.1:23). “Y Jesús, respondiendo, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos» (Mat. 16:17). Mucho más notable es el caso del apóstol Pablo, un hombre de una devoción firme a los que él creía ser verdad, el testimonio completo del ministerio y de los milagros de Cristo le convirtió en amargo perseguidos del cristianismo. El explica su testimonio de esta manera » Obtuve misericordia» y añade » Agradó a Dios, que…me llamó por su gracia, revelar a Su Hijo en mi» Este testimonio de Pablo adquiere especial interés debido a su visión en el camino de Damasco podría llevarnos a llamar discípulo a causa del milagro ocurrido, si no fuera por su explicito testimonio.

Usted se preguntará, si los milagros de Cristo no se efectuaron para que fueran la base de la fe, ¿entonces por qué se efectuaron? Porque tenían un propósito noble, y una oportunidad de aliviar el sufrimiento. Es perfectamente natural que cuando: » aquel verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros» podíamos esperar y además era lógico que las enfermedades e incluso la muerte cedieran ante su poder.» Vosotros sabéis cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, el anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con El» (Hch. 10:38).Muchas personas piensan que el Señor obraba milagros a fin de silenciar la incredulidad. Esta idea es blasfema por su falsedad. De otra manera, leemos afirmaciones como la encontramos en Mateo 13:58.

 

“Y no hizo muchos milagros allí, a causa de la incredulidad de ellos». Aunque no hay registrado un solo caso en el curso de su ministerio terrenal en que fe apelara en vano al Señor, y esto es lo que hace tan extraño y además abrumador el reinado de la ley, tampoco hay registrado un solo caso en el que el reto de la incredulidad fuera premiado con un milagro.

Y esto nos sugiere el segundo gran propósito por el que se dieron los milagros. Para el pueblo judío, la religión y la política eran inseparables. Toda la esperanza de bendición espiritual descansaba en la venida del Mesías. Por un lado las muchedumbres solo pensaban, en primer lugar en su liberación del yugo romano y en la restauración de las glorias de su reino. Su venida, y era a éstas, a las que su última apelación iba dirigida.

» Examináis las Escrituras porque a vosotros pensáis que en ella tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengan vida» (Jn. 5:39-40).» Mas Abraham le contesto: << Si no escuchan a Moisés y los profetas, tampoco se persuadirán si alguno se levanta de entre los muertos>>». (Lucas 16:31).

A este respecto, la evidencia de los milagros fue incidental, es más no hay sugerencia en ningún lugar que estos se dieran para acreditar la enseñanza; el propósito de los mismos era única y solamente para acreditar al maestro. Ya que los milagros mostraran a los judíos lo que ellos tenían que esperar, a causa de su relación con la revelación anterior que era aceptada como de Dios, para aquellos sus beneficiarios. Descartándose que lo que es sobrenatural no necesariamente es divino. Si este hombre obra milagros, es enviado por Dios. La lógica es perfecta; pero el judío podía repudiar la premisa y naturalmente rechazar la conclusión. Muchos de los maestros de Israel atribuyeron los milagros de Cristo a Satanás, y el Señor respondió a la acusación no negando el poder satánico, sino que apeló a la naturaleza y el propósito de Sus actos.

Creer en los milagros, por el testimonio de las Escrituras aparece lógico en las enseñanzas después de la resurrección Como aparece en el evangelio de Lucas capítulo 24 y versículos 27-44. Tampoco fue de forma distinta cuando Pedro, que se dirigió a los judíos de Jerusalén, diciendo: » Y asimismo todos los profetas que han hablado desde Samuel y sus sucesores en adelante, también anunciaron estos días» (Hch. 3:24). También Pablo en su defensa delante del rey Agripa: » Así que habiendo recibido ayuda de Dios, continúo hasta este día testificando tanto a pequeños como a grandes, no declarando más que lo que los profetas y Moisés dijeron que sucedería: que el Cristo había de padecer y que por motivo de su resurrección de entre los muertos, El debía ser el primero en proclamar luz tanto al pueblo judío como a los gentiles» (Hch. 26:22-23). Y si pasamos a la enseñanza de la Epístolas tenemos que esta misma verdad es enseñada más explícitamente presentada, que Cristo vino a ser siervo de la circuncisión para confirmar las promesas hechas por los padres, y para que los gentiles glorifiquen Su amor y su misericordia.

Podríamos escribir miles páginas para demostrar, que Cristo no vino a fundar una nueva religión, ya que estaría más cerca de la verdad, que el propósito principal de Jesús era dar fin a la religión. En el único pasaje que se refleja esta palabra relacionada con la vida cristiana es en Santiago 1:27 » La religión pura y sin mancha delante de nuestro Dios y Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y guardarse sin mancha del mundo» Cristo era en Sí mismo, la realidad de cada tipo, la verdadera sustancia de cada sombra, el cumplimiento de cada una de las promesas del Padre. Si hablamos del altar o del sacrificio, del sacerdocio o del templo Cristo era el anti-tipo de todo ello. El verdadero propósito del Señor era el de poner todas las cosas a un lado a fin de poder colocar otras cosas en su lugar. El vino no a destruir la ley y los profetas, sino a cumplirlas y sobre todo vino como nuestro sustituto. A la luz de esta realidad se disipan los argumentos de los no creyentes. Cuando Jesús apareció, la cuestión con el pueblo judío no era si, como otro Juan el Bautista, se trataba meramente de » un hombre de Dios, sino si El era el Enviado, el Mesías a quien las Escrituras señalaban y daban testimonio de El: Juan 1:41-45 «Hemos hallado al Mesías» Por lo tanto, la cuestión no reside si una revelación puede acreditarse mediante la evidencia externa, sino si la evidencia es capar de acreditar a una persona cuya venida ha sido profetizada. Concluimos expresando lo siguiente:

1- El milagro no es evidencia cierta de la autenticidad de la revelación.

2- Cristo no es el fundador de una nueva religión, sino el clímax de la religión judaica.

3- El silencio de Dios se rompe en la persona y obra de Jesucristo.

4- Cristo no vino a presentar los milagros como sus credenciales, los milagros son una consecuencia de la fe de los demás puestas en El.

5- Ofreció una sola señal, la señal de Jonás, que apuntaba a su gran y poderoso milagro de Su resurrección.

 

(Las citas bíblicas tomadas de la Biblia de las Américas)

Por Rev. Ramón Herrera

Escrito: Abril del 2002

 

Miqueas: Justicia en Exhibición

El Profeta Miqueas no es muy conocido que digamos, pero es una lástima, no es precisamente el más popular. Es eclipsado por el mucho más famoso Isaías, pero Miqueas tiene mucho que decir, ya que Miqueas le llevó el mensaje a la gente de la calle o sea al pueblo y no a las clases ricas y altas que fue el caso de Isaías.

Miqueas tenía desconfianza de la religión adulterada. El notaba el orgullo en los corazones de los líderes de Judá, Cualquier parecido con algunos de los líderes de hoy día no es pura consecuencia, lo que le llevaba a llamar la atención de la gente común para que no fuera engañada por la religión organizada.

La predicación negativa, ultra celosa lleva a la gente a preguntarse, ¿qué podemos hacer? pues sólo se oye advertencias de condenación, Pero, eso no pasó con Miqueas él se reservó sus mejores palabras para llevar un mensaje positivo al pueblo.

Miqueas le planteo cuatro preguntas al pueblo, preguntas que el pueblo de Dios tiene que contestar; En Miqueas 6:6-7.

¿Con qué me presentaré al Señor, y me postraré ante el Dios de la alto?

[Esto es precisamente lo que mucha gente continúa preguntándose]

¿Me presentaré delante de El con holocaustos, con becerros de un año?

[Seguramente algunos se preguntaban qué obra tendrían que hacer]

¿Se agrada el Señor de millares de carneros, de miríadas de ríos de aceite?

[No podemos perder de vista el crecimiento de la posibilidad de agradar

A Dios y esto debe ser algo remoto en la mente de algunos: y nos preguntamos ¿Es eso lo que Dios quiere?]

¿Ofreceré mi primogénito por mi rebeldía, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?

[De esta manera se llega a la cumbre de la devoción… ¿Se de trata que tengo que sacrificar a mi hijo mayor o es que, acaso me estas pidiendo que sea el que postre ante el fuego del altar? ¿Servirá eso? ¿Hará eso que Dios se complazca de mí?]

Estas palabras del profeta Miqueas expresan lo que muchos, en el día de hoy se preguntan de como agradar a Dios. Muchos maestros y predicadores lo han hecho como un sacrificio, algo demasiado complicado, muy difícil, Ya que para aquellos legalistas es virtualmente imposible agradar a Dios. De esta manera la religión se ha convertido en una serie de actos dolorosos, planeados, con el fin de «apaciguar la ira de Dios» que se deleita en ver cómo nos revolcamos. El profeta Miqueas borra esa lista, y reemplaza esas complicadas posibilidades con una de las más delicadas definiciones de la gracia de Dios.

El dice: El te ha declarado, OH hombre, lo que es bueno. ¿Y qué es lo que demanda Dios de ti, sino sólo practicar la justicia, amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios? (Miqueas 6:8). Creo que no sobrepaso los límites establecidos cuando digo que a: Dios no le gustan las cosas complicadas. Dios no espera de nosotros actos gigantescos de heroísmo, un ministerio de más de setenta y dos horas de trabajo, actividades agotadoras, interminables números de reuniones de la Iglesia, una consagración masiva que no haga ir a los confines de la tierra.

No tenemos derecho a complicar lo que nuestro Padre Celestial ha hecho tan sencillo.

¿Qué pide Dios?

  •         Hacer justicia
  •         Misericordia
  •         Humillarte ante Dios

La fe no envuelve una serie de representaciones religiosas. No pide hacer un montón de cosas piadosas, para evitar que Dios se enoje, o dar una impresión falsa de nuestra santidad. Mientras más cercanos estemos a eso y comencemos a vivir de esa manera, pronto comprenderemos, que el verdadero significado de la vida cristiana como Dios la planeo es sencillamente muy diferente.

Esto trae a mi memoria el Sermón del Monte, que el Señor Jesús enseñó, es un mensaje simple, sencillo y sobre todo muy directo, que bien podría haber sonado como el mensaje de Miqueas muchos siglos antes. Los tiempos pueden cambiar pero el mensaje sigue siendo el mismo. Cristo subrayó que hacer justicia y mostrar misericordia eran parte de su enseñanza, así como andar en humildad.

Mateo 6:1 Dice: » Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres par ser vistos por ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos» .Cristo nos da una advertencia muy enérgica ¡Cuidado! Pero. ¿De qué? es que ¿Hay peligro de perder algo muy importante? Es mejor que nos demos cuenta. El caminar humilde delante de Dios, ha sido reemplazado por una actuación teatral, y eso es religión. Es la justicia en exhibición, como apunta el titulo de este mensaje, es una especie de pavoneo de espiritualidad que era dirigido por los escribas y fariseos, que solamente pensaban en causar buena impresión delante de la gente, con expresiones de piedad fingida. En este punto nos conviene recordar las anteriores enseñanzas de Jesucristo:

«Porque os digo que si vuestra justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos» (Mt. 5:20). Es el mismo tema, sólo que ahora es específico en su advertencia; andar con Dios nunca ha significado un acto de religiosidad. Cuando se trata de caminar por la senda de la fe, el tema de la justicia y la meta de alabar a Dios, tengamos cuidado que no sea un espectáculo, el consejo del profeta Miqueas no llega como anillo a dedo, caminemos humildemente con nuestro Padre celestial. Cristo no nos dice que dejemos de brillar, antes nos dice. “Así brille vuestra luz delante de los hombres…» Pero eso sí, tiene que ver con el tipo de luz, invite a otros a seguir a Jesús. Después de haber expresado esa advertencia, Cristo la aplica a tres obras piadosas, generalmente son exhibidas por los escribas y fariseos. Dar, orar y ayunar.

Consideremos los dos primeros temas.

“Por eso, cuando des limosnas, no toques trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en la sinagoga y en las calles, para ser alabados por los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosno sea en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» ( Mt. 6:2-4)

Durante el siglo primero, dar limosna era considerado un sinónimo de justicia. Los términos para ambas tenían la misma raíz y los que eran considerados justos eran aquellos que también contribuían para las necesidades de otros. Pero el Señor nos dijo que hay una forma en que no se deben dar limosnas (v.2) y otra que es la correcta (vv.3-4). Nos ayudará saber que los fariseos tenían un ritual que cumplían cuando daban dinero a los más pobres, ya sea en las sinagogas o en las plazas públicas cuando iban al lugar de las ofrendas, era precedido por trompeteros que hacían sonar una especie de fanfarria. ¿La razón? El apóstol Juan nos lo dice: «Porque amaban más el reconocimiento de los hombres que el reconocimiento de Dios» (Jn.12:43). Hasta aquí con el tema de cómo no dar. El Señor nos dice como debemos dar: espontáneamente y secretamente.

Mateo 6:5-8

“Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Pero tú cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tú Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Y al orar, no uséis repeticiones sin sentido, como los gentiles, porque ellos se imaginan que serán oídos por su palabrería. Por tanto, no os hagáis semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis ante que vosotros le pidáis»

Tal como anteriormente, Cristo habló brevemente de lo que no debemos hacer y invirtió más tiempo en lo que si debemos hacer cuando oramos. No es que Cristo desaliente la oración, así como no desalentó dar ofrendas. Lo que sí hizo Cristo es desalentar el papel de hipócritas cuando oramos y para ello nos da una lista de lo que no debemos hacer cuando oramos.

  • No debemos ser hipócritas
  • No ser vistos de los hombres cuando oramos
  • No limitar nuestras oraciones a los lugares públicos
  • No usar vanas repeticiones.

¿Entonces qué es lo que debemos hacer?

En primer lugar encontrar un lugar privado para orar.

Por su puesto aquí se habla de las oraciones privadas y no las oraciones públicas. En segundo lugar, oremos al Padre celestial en secreto, me llaman la atención las palabras que el salmista escribió sobre este tema.

“Cuando dijiste: Buscad mi rostro, mi corazón te respondió: Tu rostro, Señor, buscaré». (Salmo27:8)

“El que habita al abrigo del Altísimo morará a la sombra del Omnipotente» (Salmo 91:1).

Estar a solas con Dios, en ninguna manera es complicado, pero es difícil de mantener. Pero necesitamos ese tiempo de oración, especialmente en el mundo de hoy, que es ruidoso y ocupado y todo tiene que ser rápido hasta la comida.

En tercer lugar: Manténgalo simple.

(Las citas son de la Biblia de las Américas)

 

Por Rev. Ramón Herrera

Escrito: Junio 2002

 

La Constitución del Reino

Todo reino y todo gobierno, tiene que tener una constitución, o sea, una forma de gobierno, leyes fundamentales para guiar a todos sus súbditos. Las Bienaventuranzas contienen esa constitución o forma de gobierno, al igual que los 10 mandamientos estos están divididos en dos partes. La relación con el Señor y las relaciones personales. Esto se acentúa cuando el Señor afirmó: » Habéis oído…pero yo os digo» 5:21-22; » Habéis oído que se dijo… pero yo os digo» 5:27-28; » También se dijo… Pero yo os digo» 5:31-32; » También habéis oído que se dijo… Pero yo os digo» 5:33-34; » Habéis oído que se dijo… Pero yo os digo» 5″38-39; «Habéis Oído que se dijo… Pero yo os digo» 5:43-44. ¿En qué dirección apunta el Señor? Les está recordando a la gente que ahora las cosas han cambiado, antes era la Ley un ministerio de muerte y condenación, ahora la Nueva Constitución del Reino está basada en la Gracia de Dios, que es por la fe.

Mateo 5:1-12

Al profundizar en estas palabras iniciales del Sermón del Monte, pronunciadas por el Señor, nos llama poderosamente la repetición del termino bienaventurado. Esta palabra quiere decir o más bien es un sinónimo de «feliz», pero yo creo que es mucho más profundo que eso. Por ejemplo el la literatura extra-bíblica, según algunos expertos, este término griego que se traduce «bienaventurado» tenía el uso describiendo condiciones deferentes; primero se usaba para describir a los ricos, que debido a sus riquezas, vivían sin dificultades económicas, segundo, este término era usado para describir la condición de los dioses griegos, ya que tenían todo lo deseaban.

Pero estoy seguro que Jesús no estaba hablando ni a los dioses ni a los ricos. Si las examinamos de cerca sus palabras planteaban un desafío a la religiosidad de las personas. Hoy día cuando la simulación reemplaza lo autenticidad, y el aparentar preocupa más que la verdad interior, estoy convencido que necesitamos más que nunca esta dosis de la verdad.

Mateo 5

3 Bienaventurados los pobres en espíritu

No son pobres en bienes, sino en espíritu, declaramos que esta viene venturaza nada tiene que ver con la pobreza material. El Señor se está refiriendo al valor del espíritu humilde, los que reconocen que están en una especie de bancarrota espiritual. Donde está ausente el orgullo y la altivez y hay una sana dependencia de Dios. En lugar de sentirnos prepotentes, confesamos y reconocemos nuestra insuficiencia.

Nos parece ver la escena del rico y el publicano cuyo relato aparece en Lucas 18:8-14. Uno era orgulloso, que estaba satisfecho consigo mismo, y el publicano indigno pecador, que estaba consciente de sus transgresiones y que su voz era un susurro. El fariseo oraba de pie hablando para sí mismo.

Lucas 18

11-b- … » Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: estafadores, injustos, adúlteros; ni aun como este recaudador de impuestos. 12 Yo ayuno dos veces por semana; doy diezmo de todo lo que gano».

Esta arrogancia farisaica podemos encontrarla en las elegantes iglesias, llenas de orgullo, por lo que ellos creen que son… esa era la manera que pensaban el tibia Laodicea que encontramos en Revelación 3:14-18. Su tema era este: Yo soy rico, y me he enriquecido y de nada tengo necesidad pero no se daban cuenta de su orgullo cuando el Señor les dijo:… no sabes que eres un miserable y digno de lástima, y pobre, ciego y desnudo.

Sólo nos resta en este punto hacernos una importante pregunta. ¿Cuál es la promesa para los pobres en espíritu? “De ellos es el reino de los cielos». Cuando vivimos vidas de fe, bajo el cuidado de nuestro Padre celestial, es cuando entramos en ese reino, para tener una verdadera vida.

Mateo 5

4 Bienaventurados los que lloran.

Esta palabra que se traduce «lloran» es posiblemente el término griego más fuerte que los traductores podrían usar, para representar un «lamento de un corazón quebrantado o sea un dolor del alma» Nosotros pudiéramos entender esta verdad si leemos al apóstol Pablo cuando exclamó ¡Miserable de mi! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?

(Ro. 7:24). Cuando la bondad de Dios es desechada y las personas «viven vidas desordenadas» nuestro pecado parezca muy poca cosa, desafortunadamente encontramos corazones contritos y humillados o como lo dijo el Señor » los que lloran» por su propia miseria espiritual. Cuando se «llora» uno reconoce su pecaminosidad y siente una pena indescriptible por el mal que ha causado. El apóstol Pedro sabía lo que era «llorar», después que negó el Señor tres veces, sintió el peso de la enormidad de su pecado. Y la Escritura nos dice; Saliendo fuera, lloró amargamente (Lc. 22:62). Algo similar encontramos en el Salmo 32 después del pecado de David, con relación a Betsabé, 3 Mientras callé mi pecado, mi cuerpo se consumió con mí gemir todo el día. 4 Porque día y noche tu mano pesaba sobre mi; mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano. ¿Qué Cristo promete a aquellos qué lloran? pues ellos serán consolados. ¡Que poderosa seguridad! Esa realidad se encuentra por toda la Biblia, El promete dar su alivio al corazón quebrantado y completa libertad a aquellos cuyos espíritus atraviesan por grandes dificultades.

Salmo 51

16 Porque no te deleitas en sacrificio, de lo contrario yo lo ofrecería; no te agrada el holocausto.17 Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito; al corazón contrito y humillado, OH Dios, no despreciarás.

5 Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la tierra.

En este mundo, lleno de grandes presiones y además de técnicas agresivas, la humildad sugiere, que seamos como una alfombra para limpiarse los pies, es decir como un cruce de tonto con estúpido. A nosotros nos parecería que el Señor dijo algo fuera de la realidad. El Señor podía pedirlo porque El al describir su personalidad decía: … aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón… (Mat. 11:29). Esta palabra era usada en ese tiempo en un sentido muy diferente a nuestros días. Ahora se toma por inseguro, inestable, afeminado, débil de carácter, que es todo lo contrario ya que demuestran una fuerza interior pero puesta bajo control. ¿Qué es lo que el Señor nos promete? ellos heredarán la tierra. Aquí no hay una referencia al control del mundo, significando que, hablando espiritualmente, nuestras necesidades serán suplidas, es una promesa de la Biblia: en Filipenses 4:18 y 19 dice: 18 Pero lo he recibido todo y tengo abundancia; estoy bien abastecido…19 Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Todo esto lo hace posible el Señor mientras nosotros batallamos y nos ganamos el territorio, el luchará por nosotros, no tenemos que esforzarnos para tener el control. Los avaros agarran y pierden, mientras que el humilde no solo hereda sino que gana. ¿O tomamos en serio el camino de fe, o lo perdemos todo?

No nos queda otro camino, la gentileza la mansedumbre, y la humildad, para que el Señor tome el control para que podamos alcanzar la promesa que nos dice:…pues ellos heredarán la tierra.

6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia

En esta bienaventuranza encontramos, un deseo de conocer a Dios íntimamente, para poder modelar el camino en nuestra personalidad. Podemos tener la tentación de hacer una lectura errada de ello. El Señor no está hablando aquí de aumentar el conocimiento bíblico o las doctrinas de nuestra denominación, que a veces no son tan bíblicas como quisiéramos.

El nos está hablando aquí de acercarse al carácter de Dios o sea: La verdad, la santidad, la justicia y la bondad., además están incluidos la disciplina de la oración y el alimento de la Palabra de Dios, con plena confianza de fe. Y la sumisión a Señor sin la cual no es posible hacer su voluntad. Tener hambre y sed, no significa otra cosa que tomar muy seriamente las cosas de Dios al tiempo que comprobemos cuán fielmente se aplican a nuestra vida aquí en la tierra. Nos preguntamos: ¿qué pasará con aquellos qué tiene ésta hambre y sed de justicia? que serán saciados. Es una promesa de Dios y esto significa que tenemos la garantía de Dios que así sucederá. Esta es una promesa necesaria, porque los almacenes de nuestro Padre Celestial jamás se vacían y sus manantiales nunca se secan. Encontramos algo muy interesante en la Constitución del Reino que hay que destacar; las cuatro primeras bienaventuranzas tienen que ver con nuestra relación con Dios, las últimas enfatizan las relaciones personales.

7 Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos recibirán misericordia

El diccionario define la misericordia como la virtud que nos inclina a ser compasivos, además es un atributo de Dios por el cual El perdona a sus criaturas. Incluye la ayuda a aquellos que son menos afortunados que nosotros, cuando sufren, enfermedades, angustia y desilusión. Cuando pienso en el tema de la misericordia me impresiona siempre la parábola del Buen Samaritano, aquel hombre que se detuvo a ayudar al que había caído en manos de unos ladrones que lo asaltaron, lo robaron y lo abandonaron en el camino, algunos líderes religiosos pasaron junto a él. Posiblemente estaban preocupados por sus programas, sermones o con la larga lista de actividades que tenían enfrente. Pero ninguno de ellos tuvo un momento para aquel que además estaba herido y golpeado abandonado a su suerte. Llegó entonces el samaritano. El se detuvo y se puso en el lugar del hombre atropellado. El se tomó el tiempo, lavó sus heridas, lo cargó sobre su asno y lo llevó a una posada y le dijo al posadero: » ponlo a mi cuenta»

Eso es tener misericordia, no lastima o tristeza para el que esté en dificultades, sino ponerse su lugar y sentir lo que ellos sienten, y sin más ayudarle a salir.   También recuerdo dos pasajes que tienen que ver con la misericordia.

“Si un hermano o una hermana no tienen ropa y carecen del sustento diario, y uno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no le da lo necesario para su cuerpo. ¿De qué le sirve? Así también la fe por si misma, si no tiene obras es muerta.» (Stg. 2:15-17)

“Pero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano en necesidad y cierra su corazón contra él ¿cómo puede morar el amor de Dios en él?» ( 1 Jn. 3:17)

¿Qué es lo que podemos nosotros esperar si mostramos misericordia? El Señor asegura en esta bienaventuranza que podemos esperar misericordia. Los misericordiosos morirán en la misericordia, si damos a otros cuando están en desgracia, estamos seguros que ellos nos darán cuando estemos en necesidad. Nuestro Padre se ocupará de que las inversiones del presente cosechen beneficios en el futuro.

8 Bienaventurados los de limpio corazón

La vida sencilla y la pureza caminan juntas. La vida de fe sencilla está ligada a un corazón puro. Aquellos puros de corazón viven de una manera transparente, sin dobleces, sin motivos escondidos. Los limpios de corazón son una especie rara en los presentes días, pero esta bienaventuranza implica que la vida puede ser vivida sin disfraces. ¿Qué significa esta bienaventuranza? Que verán la obra de Dios, y la verán en sus propias vidas. Sentirán la presencia de Dios, no tendrán miedo de que alguien descubra su verdad, no tienen nada que esconder. Esa es la forma en que vivió nuestro Señor Jesucristo y esa es la vida que nos ofrece. Porque los de limpio corazón ellos verán a Dios.

9 Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios

Aquellos que son pacificadores no intensifican las tensiones sino que las relajan. Son aquellos que buscan soluciones. Son los que calman las aguas no las agitan. Trabajan fuerte para que las cosas no lleguen a mal. Son aquellos que hablan más en voz baja que alta. Generan luz, no calor. Sin equivocaciones pacificador no es lo mismo que aplacador. La paz no se consigue a cualquier precio, la paz se abarata cuando no se le da importancia a las ofensas crasas, se le trata ligeramente y no se exige responsabilidad al que ha ofendido.

Muchas veces se habla que las Iglesias se mantengan unidas para evitar una especie de «guerra santa», pero al precio de la sana doctrina, si algún grupo sigue a una herejía, no hay que promover ese evangelio estando de acuerdo y todo en nombre de la paz. ¿Cuáles son los beneficios de los pacificadores? «serán llamados hijos de Dios. ¿No fue ese el nombre que los seguidores le dieron a Jesucristo? Si procuramos la paz, como lo hizo El, seremos como Cristo, hijos e hijas de Dios, personas con la naturaleza del Padre.

Un versículo interesante:

10 Bienaventurados aquellos que han sido perseguido por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan de vosotros todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de mí» (Mat. 5:11). Pero tengamos cuidado con este punto. Notemos la razón por la cual esta gente será perseguida: por causa de la justicia; no por otra causa. En muchas ocasiones hemos sido injustos, descorteses, ofensivos. Pero eso no es lo que el Señor tenía en mente. La verdadera persecución ocurre cuando dos sistemas de valores por ser irreconciliables; si es así, y uno elige adherirse a los principios de la verdad, usted puede contar que será perseguido. ¿De que forma vamos a responder? El consejo del Señor es: Gozaos y alegraos. Dos razones para hacerlo así: que nuestra recompensa está en los cielos, porque así persiguieron a los profetas que estaban antes que nosotros.

Estas características propias de la Constitución del Reino, una vez que se realizan, resultan en una vida llena de bendiciones, por obedecer estos principios, al repasar las bienaventuranzas recuerdo que los caminos de Dios son contrarios a los caminos del mundo, ya que el mundo honra a los dotados y brillantes. Pero Dios le sonríe a los que no pueden valerse por si mismos. Frente a esto y algunas otras cosas que nos faltarían por decir el «mundo» se pone nervioso.

 

(Las citas Bíblicas se han tomado de la Biblia de las Américas)

 Por Rev. Ramón Herrera

Escrito: Abril 2002

 

La Fe: El Verdadero Discipulado

«…la prueba de la verdadera fe es esta: ¿Produce obediencia?»

Todo el que se dice cristiano ¿lo es en realidad? Hay muchos incrédulos que hacen falsas profesiones de fe en Cristo, y también algunas personas no son verdaderamente cristianas pueden engañarse creyendo que lo son. Esto podía darse por sentado hace una década, pero ya no. La gracia barata y la fe fácil de un evangelio distorsionado están arruinando la pureza de la iglesia.

El relajamiento del mensaje del Nuevo Testamento ha traído con él un intrusismo corruptor que contempla casi cualquier tipo de respuesta positiva a Jesús como equivalente de fe salvadora. Los cristianos de hoy son propensos a aceptar cualquier cosa, fuera de un rechazo abierto, como auténtica fe en Cristo. Él caso de Nicodemo ilustra claramente este hecho. Él empieza la conversación con esta declaración de fe: «Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tu haces, a menos que Dios esté con él. (Juan 3:2). Esta es una declaración clara de la ineficacia de fe artificial. Nicodemo aparece así, como una ilustración de fe falsa; su mente aceptaba hasta cierto punto la verdad de Cristo pero su corazón permanecía sin ser regenerado.

Cuando Nicodemo oyó hablar de nuevo nacimiento, su mente debió hacerse un lío. Él había oído siempre que la salvación se ganaba por obras. Es probable que esperara que Jesús incluso le alabara por su legalismo; pero en lugar de ello él Señor le hizo ver la futilidad de su legalismo. ¡Que decepción! A diferencia de las obras religiosas, nacer de nuevo era algo que Nicodemo no podía hacer por sí mismo.

La contestación de Nicodemo «Yo no puedo empezar todo de nuevo. Es demasiado tarde en mi sistema religioso para empezar de nuevo. Para mi no hay esperanzas si tengo que empezar de nuevo desde él principio». Jesús se limitó a decir «de cierto, de cierto te digo que a menos que uno nazca del agua y del Espíritu, no puede entrar en él reino de Dios» (v. 5) Algunas personas dicen que se refiere a Agua (H2O), no es así. No tiene nada que ver con agua o bautismo.

Él agua de que Jesús está hablando es meramente simbólica, como lo era en él Antiguo Testamento, de purificación. Él bautismo implicado aquí, es él bautismo del Espíritu Santo. Este bautismo sucede en la salvación cuando él Señor introduce al creyente en él cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:13) y purifica al creyente en él agua por la palabra (Efesios 5:26; Juan 15:3). Pablo se refiere a esto como él «lavamiento de la regeneración y de la renovación del Espíritu Santo» (Tito 3:5), haciéndose eco casi exacto de la palabra de Jesús en Juan 3:5 «A menos que uno nazca del agua (él lavamiento de la regeneración) y del Espíritu (la renovación del Espíritu Santo), no puede entrar en él reino de Dios».

La siguiente pregunta de Nicodemo revela la turbación de su corazón: ¿como puede suceder eso? Nicodemo dijo «no entiendo», lo que realmente quería decir era «no creo». La incredulidad siempre engendra ignorancia. Los versículos 11 y 12 del tercer capítulo de Juan confirman que la incredulidad era el verdadero motivo, dice Jesús «de cierto, de cierto te digo que hablamos de lo que sabemos y testificamos de lo que hemos visto. Pero no recibís nuestro testimonio. Si os hablé de cosas terrenales y no creéis, ¿como pues creeréis si os hablo de las celestiales? La incredulidad no entiende nada.

Él versículo 26 va aún mas lejos, equiparando la desobediencia con la incredulidad: «él que cree en él Hijo tiene vida eterna; pero él que desobedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanecerá sobre él:» Así, la prueba de la verdadera fe es esta: ¿produce obediencia? Si no, no es fe que salva. Desobediencia es incredulidad, la verdadera fe obedece.

De esta forma introdujo nuestro Señor su evangelio. Notemos lo exclusivo que es; Jesús es la única fuente de salvación. Aquellos que no creen en su nombre son condenados, excluidos de la vida eterna. No importa lo sinceros o religiosos que sean, ni lo ocupados que estén haciendo buenas obras; todos deben nacer de nuevo. No hay promesa de vida, sólo garantía de condenación para quienes no se identifiquen con los pecadores y moribundos israelitas y se vuelvan de sus pecados con fe obediente al que fue levantado para que aquellos no tengan que perecer.

 

Por Rev. Ramón Herrera

 

La Predestinación y la Soberanía de Dios

«Si la soberanía excluye la libertad, y la libertad excluye la soberanía, entonces e bien Dios no es soberano o el ser humano no es libre»

Cada vez que se habla de la predestinación, ya sea en una reunión o en una Iglesia, para algunos cristianos les suena como una mala palabra, pero la verdad es que ésta palabra está en la Biblia, aunque son pocos los textos en que aparece, lo que sucede es que no hay una clara comprensión de la predestinación.

Recurramos al diccionario y esto el lo que nos dice: Destinación anterior de una cosa. Según la teología es:

Ordenación de la voluntad divina que desde la eternidad tiene elegidos, los que han de lograr la gloria.

El diccionario Webster New Collegiate dice:

Predestinación: la doctrina de que Dios consecuentemente con su presciencia de todo los eventos, guía infaliblemente a los que están destinados para la salvación.

Lo que podemos deducir, es que la predestinación tiene algo que ver con la relación a nuestro destino final, y que este destino tiene que ver con alguien antes de que lleguemos allí. Lo que la predestinación significa, en su forma más elemental que nuestro destino final, sea el cielo o el infierno, esta decidido por Dios aun antes de nacer.

La mayoría de las discusiones acerca de la predestinación, existen en gran preocupación acerca de proteger la libertada humana. Pero al mismo tiempo también debemos observar la importancia crucial de la soberanía de Dios.

La palabra autoridad contiene la palabra autor. Dios es el autor de todo sobre lo cual tiene autoridad. El croe el universo, y por lo tanto, el es el propietario del universo. Esa propiedad le da ciertos derechos; puede hacer con el universo lo que le agrade a su santa voluntad.

Decir que Dios preordena todo lo que sucede es decir simplemente que Dios es soberano. Si hubiera alguna parte de la creación fuera de la soberanía de Dios, entonces Dios no es soberano, y si Dios no es soberano, entonces Dios no es Dios. La cuestión más difícil de todas es como el mal puede coexistir con un Dios totalmente Santo y totalmente soberano. No hay dudas que el mal presenta un problema con la soberanía de Dios. ¿Se introdujo el mal en el mundo contra la voluntad soberana de Dios? Si ese es el caso, El no es absolutamente soberano. Si no, debemos concluir de alguna manera de que aun el mal ha sido preordenado por Dios. He hecho durante años por encontrar una respuesta satisfactoria a ese problema, pero hasta hora nunca he encontrado una respuesta plenamente satisfactoria.

Si realmente la libertad humana y la soberanía divina son verdaderas contradicciones, luego entonces una de ellas, al menos, debe desaparecer. Si la soberanía excluye la libertad, y la libertad excluye la soberanía, entonces e bien Dios no es soberano o el ser humano no es libre. Afortunadamente, existe una alternativa. Podemos sostener tanto la libertad como la soberanía si podemos mostrar que no son contradictorias. A un nivel humano, podemos ver que la gente goza de verdadera medida de libertad en un país gobernado por un dictador. La soberanía no pone fin a la libertad; es la autonomía lo que no puede coexistir con la soberanía,

¿Que es entonces la autonomía? Esta palabra procede del prefijo auto y la raíz nomos. Auto significa «uno mismo» Un automóvil es algo que se mueve por si mismo. «Automático» describe algo que actúa por si mismo. ES muy notable la raíz griega para «ley». La palabra autonomía significa, «ley de uno mismo». De tal manera que ser autónomo significa ser ley de uno mismo. Una persona autónoma no sería responsable ante nadie. No tendría un gobernante, menos aun tendrían un gobernante soberano. La lógica nos indica que es imposible tener un Dios soberano existiendo al mismo tiempo que una criatura autónoma. Los dos conceptos resultan incompatibles. Si Dios es soberano, no es posible que la persona sea autónoma. Así que si la persona es autónoma es imposible que Dios sea soberano, esto sería una contradicción.

En ninguna manera tenemos que ser autónomos para ser libres. La autonomía implica libertad absoluta. Somos libres pero hay límites para nuestra libertad. El límite final es la soberanía de Dios.

 

Por Rev. Ramón Herrera

 

La Justicia

«Para cada cristiano hay solo dos maneras de vivir la vida cristiana, ó por el poder de nuestra voluntad (obras) ó por la fe en la obra terminada de Cristo en la cruz»

Un paso muy importante en nuestra vida cristiana es como agradar a Dios. Esto lo hacemos cuando vivido justamente por la fe, porque sin fe es imposible agradar a Dios.

Cuando no encontramos la justicia que es por la fe, tenemos entonces que actuar como «santos» por guardar leyes religiosas, y si aprendemos a actuar afuera, nos engañamos. Porque nos creemos que somos justos y agradamos a Dios cuando realmente no es así. Si por el contrario, no conocemos la justicia que es por la fe, no tenemos confianza ante Dios; y lo peor de todo es que no tenemos confianza en nosotros mismos, y esa es la razón por lo cual tenemos que hacer cosas espirituales para probar que somos cristianos espirituales. Esos es hipocresía.

Dios no ha dado una forma maravillosa para poder agradarle. Esto es por medio de la justicia que se alcanza mediante la fe. Nuestra justicia [por medio de Cristo] es lo que nos hace aceptables ante Dios. La Biblia dice «seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor» (Hebreos 12:14), es aquí donde empieza la lucha por qué sabemos que tenemos que ser santos pero no sabemos como hacerlo. Generalmente, cometemos el gran error de «tratar» de vivir en justicia y santidad por la fuerza de nuestra voluntad. Pero la Biblia nos dice cuatro veces que «el justo por la fe vivirá».

Para cada cristiano hay sólo dos maneras de vivir la vida cristiana, o por el poder de nuestra voluntad (obras) o por la fe en la obra terminada de Cristo en la cruz del Calvario. Naturalmente podemos hacerlo así porque hay dos clases de justicia; la justicia que tenemos por la ley de las obras y la justicia que tenemos por la fe en Cristo. Esta justicia que es por la fe es la justicia verdadera y el la ÚNICA manera de agradar a Dios. Si le permitimos a El obrar en nosotros, El nos hará justos verdaderos, entonces seremos capaces de hacer el bien.

La justicia que tenemos por la ley religiosa está basada en lo que hacemos. Obtenemos un aspecto de «justicia» por la ley porque cumplimos reglas religiosas o porque nos «portamos» bien. Como es natural ésta clase de justicia la hacemos por nuestras propias fuerzas. «Ahora bien, es evidente que por la ley nadie es justificado delante de Dios, porque el justo vivirá por fe (Gálatas 3:11).

Los fariseos así como los escribas tuvieron la justicia que era dada por la ley religiosa (las obras) Eran personas muy religiosas en el tiempo de Cristo. Asistían a todos los servicios en la sinagoga, oraban en las calles, daban diezmos de todos y ayunaban dos veces por semana. Ellos eran muy religiosos pero Jesús le llamó hipócritas. Eran hipócritas porque habían cambiado sus conductas en lugar de sus corazones. ¡Cuanta gente hay como ellos en nuestras Iglesias! Dios lo sabe.

La Biblia dice «Confiaban en si mismos como justos, y menospreciaban a los otros…» (Lucas 18:9)

Algunos de los fariseos eran hombres fieles y servían a Dios de corazón. Eran limpios en sus vidas y en sus hechos, pero su justicia no era por la fe. Era por la ley. Cristo dijo: «porque les digo a ustedes que no van a entrar en el reino de los cielos a menos que su justicia supere a la de los maestros de la ley» (Mateo 5:20)

La mejor justicia es por la fe y gracias a Dios que El nos ha dado una mejor justicia. La Biblia dice: «…y encontrarme unido a El. NO quiero mi propia justicia que procede de la ley, sino la que se obtiene mediante la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios basada en la fe» (Filipenses 3:9)

El Señor Jesús puso a un lado la justicia que tuvo por guardar la ley religiosa y en cambio eligió la justicia perfecta de Dios que es por la fe. Esta delante de nosotros un reto: Tenemos que elegir muestra justicia. Podemos vivir por la ley o por la fe, no podemos mezclarla. Nuestra herencia de justicia por la fe en el caso de Abraham dice la Escritura: «Así que cumplió la Escritura que dice: «le creyó Abraham a Dios y esto se le tomó en cuenta como justicia y fue llamado amigo de Dios» (Santiago 2:23).

Nuestra herencia es el Señor Jesús, El es la fuente de la vida eterna y todo lo nuevo, la gracia y la fe.

También heredamos la cruz que es la fuente de la muerte a todo lo viejo que hay en nosotros. Es la muerte del pecado, nuestra carne con sus deseos engañosos y sus pasiones. No una cruz de condenación. No es otra demanda para servir. Es una fuerza para vencer. El poder del pecado que esta en nosotros es muy fuerte, pero la Biblia nos dice: «el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia» (Romanos 6:14)

Ahora somos muertos al pecado pero vivos para el servicio de Dios.

Por: Rev. Ramón Herrera

 

La Cruz = La Gracia

La relación con Dios a través de Cristo Jesús, es a causa de la cruz, y de la manera que la enfoquemos, así podemos disfrutar de la gracia, del gozo y la libertad. Esta relación con Dios no puede ser otra manera que no sea a través de la cruz y por su gracia, ya que ninguno de nosotros somos dignos de
conocerle.

A ésta relación entramos por el camino de la cruz y con fe. El andar con Cristo es el resultado de esa relación con Dios, y ésto resulta tan milagroso que la fe, es la única manera que lo podemos lograr. No puede ser alcanzada por guardar muchas leyes religiosas, ni siquiera por obras buenas, porque
según la palabra de Dios éstas pueden ser hechas sin fe. La Biblia nos dice «por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea para toda su descendencia». Nosotros somos hijos e hijas de una promesa, la salvación no es otra cosa que un milagro que se clavó en la cuz por nuestros pecados, y nuestra ralación con Dios es a través de la cruz por su gracia así como un andar diario en el espíritu, con la ayuda del Espíritu Santo.

La cruz de Cristo es la acción de amor más grande manifestada a los seres humanos en toda la eternidad. «Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros.»

Dios el Padre nos ama tanto que continuamente obra en nosotros para lograr nuestro bienestar, aún sin que lo merezcamos. La cruz de Cristo, o sea la gracia, no está basada en buenas obras, pues nada podemos hacer para merecerla, Dios no nos trata de acuerdo a lo que merecemos, ni tampoco a lo que hacemos, ni siquiera a como actuamos. Ese es el sistema antiguo o sea el orden humano de la ley. Dios trata con nosotros de acuerdo al inmenso amor que nos tiene.

La vida de la gracia, o sea la vida que emana de la cruz de Cristo, se halla fundada en el amor de Dios y está opuesta a cualquiera relación legal que pudiéramos tener con Dios. La relación que tenemos con Dios no puede estar basado en nuestro desempeño como «buenos cristianos», sino en el amor del Padre y en la acción de ese amor para conseguir nuestro bienestar. La Palabra de Dios dice: «Pero al que obra, no se le cuenta el sario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquél que justifica al impío,su fe le es contada por justicia.» (Romanos 4:4-5).

Recibimos la gracia a través de la cruz de Cristo cuando miramos a ella con completa fe. Cuando creemos en Cristo, nacemos de nuevo, venimos a ser parte de la familia de Dios así como en nuestro nacimiento físico entramos a ser parte de la familia nuestra. El nuevo nacimiento lo alcanzamos por fe para que sea por gracia, o sea en la curz de Cristo. Esta justicia que es milagrosa porqe es por la fe, nos saca de una relación de esclaviitud de la ley de Dios, aunque ésta ley no es mala en sí misma,
«Porque sabemos que la ley es espiritual mas yo carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago que que quiero, sino lo que aborrezco eso hago, y si lo que no quiero, ésto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mi.» (Romanos 6:14-17)

La fe, que es por gracia mediante la cruz de Cristo,nos ha escogido y llamado por el amor, la gracia y la cruz de Cristo, para que vivamos en ésta misma gracia y podamos confiar en un Dios, que nos sacó de una relación de esclavitud y de condenación y nos introdujo a una relación de Padre-hijo. AMEN!
Por Rev. Ramón Herrera