domingo, octubre 16th, 2016

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La Soberanía y la Oración

Reconciliando la Soberanía de Dios y la Oración

“Y esta es la confianza que tenemos delante de El, que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, El nos oye «(1 Juan 5:14)

Por todas partes se descubrirá, que el elemento humano, es hoy día, objeto de un énfasis desmedido, mientras que el aspecto divino en la mayoría de los casos es ignorado. Así como en la mayoría de los sermones, y los libros que se publican sobre tema de la oración. El elemento humano llena la escena casi en su totalidad, las cosas que nosotros tenemos que cumplir, aquellas cosas que tenemos que hacer para que se «nos concedan nuestras peticiones».  Los ayunos para hacer méritos con Dios que tenemos que hacer. Y sobre todo las promesas que tenemos que reclamar; mientras que lo que Dios dice, los derechos de Dios, así como la gloria de Dios, reciben muy a menudo muy poca atención.

Cuando se dice que Dios ha ordenado que los destinos humanos puedan ser cambiados y moldeados por la voluntad de los seres humanos, es absolutamente falso. El destino humano no lo decide su voluntad, sino la voluntad de Dios. Cuando aceptamos este concepto, es hacer que la voluntad de las criaturas sea suprema, lo cual equivale virtualmente a destronar a Dios. “El Señor da muerte y da vida; hace bajar al Sheol y hace subir. El Señor empobrece y enriquece; humilla y también exalta. Levanta del polvo al pobre, del muladar levanta al necesitado para hacerlos sentar con los príncipes, y heredar un sitio de honor; pues las columnas de la tierra son del Señor, y sobre ellas ha colocado el mundo» (1 Samuel 2:6-9).

El libro sigue respondiendo, «conforme al propósito eterno que llevó a cabo en Cristo Jesús nuestro Señor» (Efesios 3:11. Si el propósito de Dios es eterno, su línea de conducta no está formándose en la actualidad. Esa declaración contradice Efesios 1:11 «también hemos obtenido herencia, habiendo sido predestinados según el propósito de aquel que obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad.»  No podemos negar que el texto infiere que las oraciones de los seres humanos no están formando el proceder de Dios. El texto declara que Dios hace todas las cosas según el consejo de su voluntad. La realidad es que nuestras oraciones no pueden encausar el proceder de Dios, de otra manera Dios estaría subordinado a las criaturas de la tierra. Con razón preguntó el Espíritu Santo a través de Pablo » Pues, ¿QUIEN HA CONOCIDO LA MENTE DEL SEÑOR? ¿O QUIEN LLEGO A SER SU CONSEJERO? ( Romanos 11:34)

¿Cómo podemos confiar en nuestros corazones en Aquel que tiene un pensamiento hoy y otro mañana? ¿ De qué serviría confiar en un monarca terreno, si supiéramos que es tan voluble como para conceder una petición hoy y negarla mañana? Sin dudas no es precisamente la inmutabilidad de Dios lo que más nos da ánimo para orar. Por ser El «sin mudanza ni sombra de variación» Es que estamos seguros de que si pedimos algo según su voluntad seremos oídos. Lutero afirmo: «La oración no es vencer el degano de Dios sino confiar en su buena voluntad”.

¿Por qué ha determinado Dios que oremos?

1- Es un mandamiento para que Dios sea honrado » Porque así dice el Alto y Sublime que vive para siempre, cuyo nombre es Santo…». (Isa. 57:15)

2- Dios exige que le adoremos, y la oración verdadera es un acto de culto. Cristo no llamó al Templo, Casa de Sacrificio, sino Casa de Oración.

3- La oración redunda en la gloria de Dios, en ella reconocemos que dependemos e El.

4- Dios ha designado la oración para nuestra bendición espiritual, como un medio para nuestro crecimiento en la gracia. “antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo…» ( 2 Pedro 3: 18)

5- La oración tiene por objeto nuestra humillación. En la verdadera oración ponemos ante la presencia de Dios, y la experiencia de Su inmensa majestad produce en nosotros el conocimiento de lo que verdaderamente somos.

6- La oración es un ejercicio de nuestra fe. La Biblia así lo dice:» Así que la fe viene del oír, y el oír por la palabra de Dios”. ( Romanos 10:17).

7- Nos enseña el valor de las bendiciones que hemos buscado en El.

8- Para que busquemos en El las cosas que necesitamos.

Si Dios, antes de la fundación del mundo, ha predestinado todo lo que ocurre dentro del tiempo, ¿de qué sirve la oración?

Si es cierto, también es cierto lo que Pablo dice en Romanos 11:36, » Porque de El, por El y para El son todas las cosas. A El sea la gloria para siempre. Amén. ¿Por qué orar? Antes de contestar estas preguntas, conviene indicar que existen las mismas razones para preguntar ¿de qué sirve que yo comparezca ante Dios y le diga lo que El ya sabe? ¿De qué sirve que le presente mis necesidades si El ya la conoce? ¿De qué sirve orar por una cosa si todo ha sido ordenado de antemano por Dios? La oración no tiene por objeto informar a Dios, como si El no supiera las cosas, el propio Jesús declaró: » Por tanto, no os hagáis semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe lo necesitáis antes que vosotros le pidáis». (Mateo 6:8).

La oración no ha sido designada para que Dios pueda saber lo que necesitamos, sino como confesión a Dios de nuestra experiencia de la necesidad. Se ha propuesto que le honremos pidiéndole, de la misma manera que le hemos de dar gracias después de habernos concedido nuestras bendiciones y peticiones. ¿Será la oración una práctica poco provechosa? Estas preguntas tienen una respuesta satisfactoria.

Oramos porque Dios nos manda a orar. Por ejemplo: 1 Tesalonicenses 5:17 dice, «orad sin cesar» Lucas 18:1, » Y les refería Jesús una parábola para enseñarles que ellos debían orar en todo tiempo, y no desfallecer «.Santiago 5:15, 16 » Y la oración de fe restaurará al enfermo, y el Señor lo levantará, y si ha cometido pecados le serán perdonados… La oración eficaz del justo puede lograr mucho «.

¿Cuál es, la relación entre la soberanía de Dios y la oración?

Tenemos que saber ante todo que la oración no tiene por objeto alterar el propósito de Dios, ni moverle a formarse uno nuevo. Por supuesto que Dios ha decretado que ciertos acontecimientos tengan lugar a través de los medios que El ha designado para su cumplimiento, por ejemplo Dios ha elegido a ciertas personas para ser salvas, pero ha decretado que lo sean por medio de la predicación del Evangelio. Dios ha decretado los medios al tiempo que el fin, y entre dichos medios está la oración.

La oración es otro de los medios mediante el cual Dios realiza sus decretos. (Santiago 5: 17,18) dice: » Elías era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia y la tierra produjo su fruto”. También Daniel (9:2,3) dice»» en el año primero de su reinado, yo Daniel, pude entender en los libros el número de los años en que, por palabra del Señor que fue revelada al profeta Jeremías, debían cumplirse las desolaciones de Jerusalén: setenta años. Volví mi rostro a Dios el Señor para buscarle en oración y súplica, en ayuno, cilicio y ceniza. ’’

El libro Santo también nos dice en Jeremías 29:11,12. “Porque yo sé los planes que tengo para vosotros- declara el Señor- planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza. Me invocaréis, y vendréis a rogarme, y yo os escucharé «.

Aquí tenemos que el designio de la oración; no para que Dios altere su voluntad, sino para que se cumpla, de la manera que El había establecido. No hay que decir que la voluntad de Dios es inalterable y ninguno de nuestros clamores puede alterarla. Nuestra creencia en cuanto a la oración tienen que ser revisadas en línea con la palabra. Casi todos los cristianos tienen la idea de que me presento ante el Señor, le pido algo que necesito y espero que me lo dé, he escuchados muchos cristianos, pastores, evangelistas y sus imitadores exigiéndole a Dios, que haga esto y lo otro, y donde más se escucha esta absurda forma de orar es en la sanidad divina, pero este concepto no sólo es deshonroso sino degradante. Las creencias populares rebajan a Dios a la categoría de un mero siervo, que hace lo que le decimos, que cumpla nuestra voluntad no la de El.

Sería oportuno traer a colación la historia que aparece en 2 Corintios 12. Pablo recibió un gran privilegio; fue arrebatado al Paraíso; El escucho y contemplo lo que ningún mortal ha oído ni visto. Esta maravillosa revelación fue más de lo que Pablo podía soportar. Y el estaba en peligro de hincharse a causa de su extraordinaria experiencia. Por esta razón se le envía un mensajero de Satanás que lo abofetee con el propósito de que no se enalteciera demasiado, y Pablo ora presentando su necesidad ante el Señor, le implora por tres ocasiones que le quite este aguijón en la carne. ¿Fue contestada su oración? De eso no hay dudas, pero no como había deseado. El agujón no le fue quitado, pero eso sí, le fue dado gracia para soportarlo, esa carga no fue retirada, pero le fue concedida fortaleza para poder llevarla.

Puede que muchos cristianos argumenten que Dios nos ha dado una especie de cheque en blanco y nos invita a llenarlo, otros creen que sus promesas lo incluyen todo y de tal manera que podemos pedirle todo lo que se nos antoje. De ser así, no nos queda otra alternativa que comparar texto por texto de las Sagradas Escrituras para conocer el pensamiento de Dios sobre cualquier tema, y sí así hacemos descubriremos, que Dios ha limitado sus promesas diciéndonos: » Y esta es la confianza que tenemos delante de El, que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad. El nos oye «. (1 Juan 5:14). Un texto muy importante ocupa nuestra atención: » Pedís y no recibís, porque pedís con malos propósitos, para gastarlo en vuestros placeres «..(Santiago 4:3). Algunos argumentarán citando Juan 16:23. » …En verdad , en verdad os digo; si pedís algo al Padre, os lo dará en mi nombre.» Esto es muy cierto; pero esta promesa no es una carta blanca a aquellos que oran. Estas palabras están de acuerdo con el apóstol Juan: » … que si pedimos cualquier cosa CONFORME A SU VOLUNTAD EL NOS OYE «.

Tenemos que hacernos una pregunta muy importante: ¿Qué es pedir en el nombre de Cristo? Sin lugar a dudas es mucho más que una formula de la oración; cuando usamos esta formula en el nombre de Cristo; tiene que estar de acuerdo con lo que Cristo pediría; y eso es descartar nuestra voluntad aceptando la de Dios.

Concluyendo ¿Entones qué es la oración?

  • La oración no es tanto un acto como una actitud.
  • Es una confesión de impotencia.
  • Es el reconocimiento de nuestra necesidad de orar.
  • Es también un acto humano, que posee un elemento divino.
  • Es una actitud de dependencia de Dios.

La oración no es para pedir a Dios que cambie sus propósitos o que forme uno nuevo.  Pedir aquellas cosas que están en su voluntad, el libro sagrado nos dice:

“Yo sé, OH Señor, que NO depende del hombre su camino, ni de QUIEN anda dirigir sus pasos»(Jeremías 10:23). » La mente del hombre PLANEA su camino, pero el Señor DIRIGE sus pasos «.

«Y aconteció que estando Jesús orando en cierto lugar, cuando termino, le dijo uno de sus discípulos: Señor enséñanos a orar, así como Juan enseñó también a sus discípulos. Y les dijo: Vosotros pues, orad de está manera:

<< Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga   tu reino. Hágase tu voluntad, ASI en la tierra COMO en el cielo…>». (Mateo 6:8-10).

Al concluir este estudio, nos gustaría hacer unas palabras de advertencia, para evitar que saquemos conclusiones falsas de lo que aquí se ha expresado. No podemos decir aquí que hemos intentado resumir el tema de la oración. Sólo nos hemos limitados a considerar la relación que existe entre la soberanía de Dios y la oración.

(Las citas Bíblicas son de la Biblia de Las Américas).

Por Rev. Ramón Herrera

Escrito: Mayo 2002

 

El Misterio Revelado: Reconciliación

El Misterio Revelado: La Reconciliación con Dios

Las posdatas tienen mucha importancia en las cartas, y por supuesto las posdatas de los apóstoles no son una excepción a la regla. Pero la verdad es que la posdata final del capítulo 16 de Romanos ha sido tratada de una manera muy poco inteligente por los teólogos y comentaristas.  El secretario de Pablo, Tercio, una vez que dejo la pluma, el Apóstol Pablo le añadió las palabras que concluyen la epístola.

“Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe, al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo»

“Mi Evangelio» Estas palabras, repetidas por Pablo en Ro, 2:16-16:25; 2 Ti. 2:8, no constituyen meras palabras, pues, son explicadas en varias de sus epístolas, (Ef., 3; y Col.1:25-26 y de una forma concluyente en su carta los Gálatas.» Mas os hago saber, hermanos que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo» vv11, 12.

Declarando en una forma concluyente, de que el evangelio que el predicaba entre los gentiles lo había recibido en una revelación especial. No solamente no había sido enseñado por los apóstoles, sino que fue él que por un mandamiento específico del Señor, se lo comunicó a los demás apóstoles; y que ocurrió después de su segunda visita a Jerusalén, diecisiete años más tarde. Por tanto, que su testimonio era distinto en alcance y carácter a cualquier otro que encontremos en el ministerio de los demás apóstoles, que registra el libro de los Hechos. Pablo confirma estos hechos en (Gá. 2:7) «Antes al contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircunsición, como a Pedro el de la circuncisión». Este último era una promesa, según las Escrituras, de lo profetas; el primero, una proclamación según la revelación de un ministerio mantenido en secreto, desde la eternidad, pero ahora había sido revelado y dado a conocer a todos los pueblos mediante las Escrituras proféticas. Pero tenemos que hacernos dos pregunta ¿Cuáles, eran estos escritos? ¿Y cuál era el ministerio que se revelaba? La traducción del pasaje en nuestras versiones constituye un compromiso no solo entre la traducción sino con la exégesis; es evidente que la exposición que tal combinación sugiere, es errónea debido a que hace que la afirmación del apóstol sea incoherente. Si hubiera sido a través de los profetas hebreos que se diera a conocer el Evangelio a las naciones, evidentemente no podría ser un misterio mantenido en secreto a través de todas las edades. Las palabras «por escrituras proféticas» se refieren, naturalmente, a las Escrituras del Nuevo Testamento; y al haber sido confiado el Evangelio dado así a conocer, no a los otros apóstoles, sino solamente «al apóstol de los gentiles», es necesario que nos volvamos otra vez a las epístolas de Pablo para buscar la explicación. Luego entonces, ¿contienen estas epístolas alguna gran verdad o verdades, características que no podemos encontrar en las Escrituras de los profetas hebreos?

Nuestra palabra castellana misterios significa algo que es, incomprensible o desconocido; pero este no es el significado griego de musterion. Es su primera acepción, tanto en griego clásico como bíblico, es simplemente un secreto; y un secreto que cuando se revela puede ser comprendido por todos. Los misterios del Nuevo Testamento son verdades divinas que habían sido guardadas en secreto; verdades que no habían sido reveladas en las Escrituras anteriores y que incluso reveladas, no podían conocerse. Tan sólo una vez Jesucristo utilizó esta palabra, que está registrada en los Evangelios y aparece en cuatro ocasiones en Apocalipsis. Ya que estas excepciones, solamente se encuentran en las epístolas de Pablo, donde aparece no menos de veinte veces. Por ejemplo:

El misterio de iniquidad, culminado, con la revelación del inicuo.

El misterio de que, a la venida del Señor, algunos de Su pueblo pasarán al cielo como hizo Elías: <<sin probar la muerte ni conocer la tumba>> (1 Co. 15:15)

El misterio de que, en el tiempo presente, los creyentes se hallan unidos a Cristo en una relación especial, como miembros de un cuerpo del que El mismo es la cabeza.

Así, pues, tenemos misterios específicos a los cuales las Sagradas Escrituras anteriores se hallan silenciosas; y podemos añadir que, aunque están revelados ahora son desconocidos por la mayoría de los cristianos. Pero éstas son verdades para los creyentes esencialmente, mientras, que el misterio de la posdata de Pablo constituye, enfáticamente, una verdad para todos: una verdad que se ha de dar a » conocer a todas las gentes para la obediencia a la fe». Además, la afirmación de Pablo asume que sus palabras serían comprendidas por aquellos a quienes estaban dirigidas, desafortunadamente no ha sido así, y no nos queda otra, que estudiar la epístola a los Romanos para encontrar en ella la verdad a que Pablo se refiere.

En primer lugar, entonces, es una verdad de misterio: una verdad que, hasta entonces, había sido mantenido en secreto. En segundo lugar, es una verdad de extensión y aplicación universales. Y en tercer lugar, es una verdad que tiene que encontrase en la Epístola a los Romanos. Si nos guiamos por estas claves no podemos tener dificultad alguna para que podamos hallar la verdad que está aquí. En consonancia con algunas otras grandes verdades de la fe, la reconciliación ha recibido escasa atención de los teólogos. El pecado no apartó simplemente al hombre de Dios, sino que apartó a Dios del hombre. Un Dios santo y justo no podía sino considerarle un enemigo. Pero, «siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su hijo» y » por el Señor nuestro Jesucristo» aquellos que creen «hemos recibido ahora la reconciliación» » Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombre sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de reconciliación. Así que, somos embajadores de Cristo» añadiendo Pablo.

“Como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios» (2 Co. 5:18-20)

Una apelación al pecador, no a que -como demasiado frecuente se presenta- perdone a SU Dios, sino que entre en el beneficio no buscado que Dios, en Su infinita gracia, ha conseguido. Porque dice el apóstol Pablo «Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en El» (2 Co.5:21).

Algunos a su vez, otros dejan tan de lado las grandes verdades del amor de Dios al mundo y de la reconciliación del mundo con Dios por medio de Cristo.

Esta verdad de la reconciliación no se encuentra en el Antiguo Testamento. Ciertamente, su revelación era imposible mientras el judío mantuviera la posición de rechazar al Mesías. Cuando se lee el Evangelio de San Juan a la luz de las epístolas podemos discernir este mensaje del Señor Jesucristo, pero sin esta luz nadie se atrevería a enseñarla. Ciertamente para los judíos tal doctrina (de la reconciliación) tiene que haber sido asombrosa. Pero las dificultades que infestan la exposición del capítulo cinco de Romanos se relacionan solamente con el argumento, pero la doctrina que enseña es absolutamente clara. “Así pues, tal como por una transgresión resultó la condenación de todos los hombres por un acto de justicia resultó la justificación de vida para todos los hombres». Mas la obra de Cristo va más allá de esto. La transgresión del Edén introdujo el reinado de la muerte. El pecado reino para muerte, la paga del pecado es muerte, y el pecado llevó su clamor hasta el trono de Dios, como único medio de cumplir sus justas demandas, Pero la muerte de Cristo en la cruz del Calvario ha destronado al pecado, y ahora la gracia de Dios reina suprema, y ello, no a pesar de la justicia, sino por medio de la justicia.

Así como el pecado reinó para muerte, así la gracia reina hora para vida eterna. O yendo más allá a las epístolas, sobre todo a Pablo, llegamos a comprender la verdad de la acción de Dios hacia los hombres. No se trata de que los gentiles hayan llegado a una posición especial de privilegio de la que el judío ha caído, porque, aparte de la » familia de la fe» no hay ahora ningún pueblo favorecido. “Porque no hay distinción entre judío y griego, pues el mismo Señor es Señor de todos, abundando en riquezas para todos los que le invocan; porque todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo» (Ro.10:12,13)

Un comentario de Calvino en referencia al término todo aquel.

    << Cristo empleó el término universal todo aquel, tanto para invitar indiscriminadamente a todos a participar de la vida, como para dejar a los incrédulos sin excusa. Tal es el significado del término mundo. Aunque no hay nada en el mundo que sea digno del favor de Dios, a pesar de todo. El se muestra reconciliado a todo el mundo cuando invita a todos los hombres, (personas) sin excepción a la fe de Cristo, la cual no es nada más que la ENTRADA A LA VIDA.>>

(Las citas bíblicas tomadas de la Biblia de las Américas)

 

Por Rev. Ramón Herrera

Abril 2002