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El Sufrimiento

Erwin G. Tieman dijo: Una lectura concienzuda del NT demostrará si ninguna duda que Dios no ha prometido resolver nuestros problemas, ni contestar nuestras preguntas ni acabar con el sufrimiento. Si pudiéramos lograr enfocar de una manera cristiana nuestro sentido de valores, llegaríamos a comprender que la presencia amorosa de Dios en el fuego de la prueba es una bendición mayor que le eliminación de los problemas sin intervención divina.

Tenemos que entender la que omnipotencia de Dios para libarnos del sufrimiento jamás  hay que ponerlo en duda. No existe crisis que no tenga  liberación, ya que la liberación puede venir a través de la vida o de la muerte. Es más, la libertad  del sufrimiento y el dolor depende de Su soberanía. ¿Qué significa esta palabra? Que Dios hará lo que El quiera sujeto únicamente a su carácter. En otras palabras, si parte de Su plan es que cierta persona quede libre de una situación cualquiera, dicha persona será rescatada; si no, Dios tiene otro propósito para la vida de aquella persona, el cual le garantizará mayor gloria para El y punto.

Si el pudo librar a Daniel del foso de los leones, los jóvenes hebreos del horno de fuego, o que Su único hijo, sufra la muerte en la cruz para satisfacer Su justicia Asia lo hará.

Lo que dice la Biblia  acerca del sufrimiento.

No siempre se puede decir que el sufrimiento es por causa del pecado o que indique falta de espiritualidad. Juan 9.1-3 “A su paso, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: – Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó él o sus padres?-Ni el pecó, ni sus padres- respondió Jesús-, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida”  (1 Co.4.9-14; 2 Co. 11.22-31)

La fuente  del sufrimiento está relacionada con el pecado, y la maldición de Dios. (Ro. 8,20-23 “…porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una como si estuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos  interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestros cuerpos”. (Gé. 3.14-19; 1Co. 15.55)

El sufrimiento y la maldad ocurren dentro del contexto más amplio de la predestinación de Dios.

(Gé. 50.20) “’ Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese  mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente”  (Job, 1. 12; 2.6). No es la mala suerte.

El sufrimiento es de esperarse a la luz del carácter de Dios. (1 Pe. 4.19) “ Así pues los que sufren según la voluntad de Dios entréguense a su Creador y sigan practicando el bien” (1Co 10.13) “Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano…” (Job 23.10, 14)

El sufrimiento indica la vulnerabilidad de nuestro estado presente y la necesidad de redención. (Fi. 3.21)  “El transformará nuestro cuerpo miserable para que sea como su cuerpo glorioso, mediante el poder con que somete a sí mismo todas las cosas.” (2 Co. 5.1-5); 1 Pe. 1.6, 9, 24).

El sufrimiento muestra donde yace nuestra verdadera fuente de esperanza (1Pe.1.6, 13). “Esto es para ustedes motivo de gran alegría, a pesar de que hasta ahora han tenido deveras pruebas por un tiempo. 13 Por eso, dispónganse para actuar con inteligencia, tengan dominio propio, pongan su esperanza completamente en la gracia que se les dará cuando se rebele” Revelando la intención de nuestros corazones. (Salmos 11.5; 17.1-5) Porque nos obliga a reflexionar, cual es el verdadero significado de la vida.

El sufrimiento nos sirve para aumentar el conocimiento del poder de Dios para sostenernos en victoria. (Salmo 68.19) “Bendito sea el Señor, nuestro Dios y Salvador, que día tras día sobrelleva nuestras cargas” (1 Pe. 5.6 -7)

Dios utiliza el sufrimiento para reafirmarnos, perfeccionarnos, fortalecernos y ayudarnos a  permanecer y crecer en la gracia. (He. 2.10) “En efecto, a fin de llevar a muchos a la gloria,  convenía que Dios, para quien y por medio de quien todo existe, perfeccionara mediante el sufrimiento al autor de la salvación de ellos” (Salmo 66. 8-9; He. 12.10)

El sufrimiento nos enseña humildad, cuando tenemos la mente de Cristo, pues Dios en lo que está interesado es en el carácter cristiano. De tal manera que el mayor bien de la vida cristiana no es la ausencia de dolor, sino el reflejo de Dios en nuestras vidas. (2 Co. 12. 7) “Para evitar que me volviera presumido por estas sublimes  revelaciones, una espina me fue clavada en el cuerpo, es decir un mensajero de Satanás para que me atormentara.” (Fi.2. 1-11; Ro.5. 3-4; He. 12. 10; 2 Co. 4. 8-10; Ro. 8. 29)

El sufrimiento permite que la vida de Cristo se manifieste en la vida del creyente, y nos obliga a depender de Dios. (2 Co. 4. 7-11) “Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros. Nos vemos atribulados en todo, pero no  abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos. Donde quiera que vanos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para también que su vida se manifieste en todo nuestro cuerpo. Pues a nosotros los que vivimos, siempre se nos entregaba a la muerte por causa de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo mortal”. (2Co. 12. 9;)

Demostramos el amor a Dios cuando experimentamos sufrimientos de una manera voluntaria. (2 Co. 8. 1, 2, 9)  Ahora, hermanos, queremos que se enteren de la gracia que Dios ha dado a las iglesias de Macedonia. En medio de las pruebas más difíciles, su desbordante alegría y su extrema pobreza abundaron en rica generosidad. Ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que aunque era rico, por causa de ustedes se hizo pobre, para que mediante su pobreza ustedes llegaran a ser ricos”.

Del sufrimiento aprendemos la obediencia y el dominio propio. (He.5. 8) “Aunque era hijo mediante el sufrimiento aprendió a obedecer, y consumada su perfección, llego a ser autor de la salvación eterna para todos los que le obedecen. Junto con la paciencia. (Ro.1.1-5).

El sufrimiento es la causa para recibir recompensa. (2.Co. 4.17) “ Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimientos”.( 2Ti. 2.12)

El sufrimiento demuestra una entrega total a Cristo. Y además nos hace depender de la gracia de Dios para sostenernos (2 Co. capitulo 4).

El sufrimiento nos conduce a la unidad, así como a la administración de los dones para el bien de todos los creyentes. (1 Pe. 4. 12) “Queridos hermanos, no se extrañen del fuego de la prueba que están soportando, como si fuera algo insólito”. (1Co. 12; Fi. 4. 12-15)…

El sufrimiento es una indicación clara de que podemos resistir tanto la prosperidad como la calamidad por la fe en Cristo. (Job 22. 7-17)

El sufrimiento es lo que une a los creyentes en un propósito común. (Apo. 1. 9) “Yo, Juan, hermano de ustedes y compañero en el sufrimiento, en el reino y la perseverancia que tenemos en unión con Jesús, estaba en la isla de Patmos por causa de la Palabra de Dios y el testimonio de Jesús”.

El sufrimiento es la base para obtener la consolación de Dios. (2 Co. 2. 5-7) “Pues así como participamos abundantemente en los sufrimientos de Cristo, así también por medio de El tenemos abundante consuelo. Si sufrimos, es para que ustedes tengan consuelo y salvación; y si somos consolados, es para que ustedes tengan el consuelo que los ayude a soportar con paciencia los mismos sufrimientos que nosotros padecemos. Firme en la esperanza que tenemos en cuanto a ustedes, porque sabemos que así como participan de nuestros sufrimientos, así también participan de nuestro consuelo”

Como resultados del sufrimiento obtenemos discernimiento y conocimiento para entender Sus estatutos. (Salmos 119. 66) “Impárteme conocimiento y buen  juicio, pues yo creo en tus mandamientos”. (Salmos 32)

A Través de sufrimiento, Dios obtiene un espíritu quebrantado lo cual es su deseo. (Salmos 51. 16-17). “Tu no te deleitas en los sacrificios ni te complacen los holocaustos; de lo contrario te los ofrecería. El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; tu OH Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido”.

El sufrimiento lo que hace es preparar nuestras mentes para la gracia, no sólo en el presente, sino cuando Cristo se manifieste… (1 Pe. 1. 6,13) “Esto es para ustedes motivo de alegría, a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo. Por eso, dispónganse para actuar con inteligencia, tengan dominio propio; pongan su esperanza completamente en la gracia que se les dará cuando se revele Jesucristo”. (1 Pe.      2. 5)

El sufrimiento es usado por Dios para humillarnos, de tal manera que pueda exaltarnos a su tiempo. (1 Pe. 5.5-7). “Así mismo, jóvenes, sométanse a los ancianos. Revístanse todos de humildad en su trato mutuo, porque << Dios de opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes >>.Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que El os exalte a su debido tiempo. Depositen en El toda ansiedad, porque El cuida de ustedes” (Y hasta el versículo 11).

El sufrimiento nos da lecciones provechosas para contar nuestros días en la tierra para que podamos presentarnos ante Dios llenos de sabiduría. (Salmos 90. 7- 12) “… Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría”

La piedad cuando va acompañada del sufrimiento produce contentamiento. (1 Ti. 6. 6). “Es cierto que con la verdadera religión (piedad) se obtienen grandes ganancias, pero sólo si uno esta satisfecho (contentamiento) con lo que tiene”.

El sufrimiento de los creyentes es muchas veces necesario, como instrumento para ganar aquellos que ya están elegidos. (2 Ti. 2. 8-10). “No dejes de recordar a Jesucristo, descendiente de David, levantado de entre los muertos. Este es mi evangelio, por el cual sufro al extremo de llevar cadenas como un criminal. Pero la palabra no está encadenada. Así que todo lo soporto por el bien de los elegidos, para que también ellos alcancen la gloriosa y eterna salvación que tenemos en Cristo Jesús””. (2Ti.4.5-6; 2 Co. 1.1-11)

El sufrimiento de los creyentes le sirve de consuelo a aquellos que son débiles en la fe y  los edifica. (He.2.17-18). “Por eso era preciso que en todo se asemejara a sus hermanos, para ser un sumo sacerdote fiel y misericordioso al servicio de Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo. Por haber sufrido El mismo las tentaciones, puede socorrer a los que son tentados”. (2Co.1.3-11; 7.6-7)

Es sabido que la justicia no nos libra del sufrimiento, esto es para enseñar que se está librando una gran batalla en el plano superior. Hasta que esa batalla no finalice, Dios permitirá que el sufrimiento continúe. (Fi. 2.7-8). Sin embargo, todo aquello que para mí era ganancia, ahora lo considero pérdida por causa de Cristo. Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor por El lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo”.

Al sufrimiento siempre lo acompañará una  fuente mayor de gracia. (1Co. 10.14) “Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, El les dará también una salida a fin de que puedan resistir”. (2Ti. 1. 7-8; 4.16-18; 1Pe. 4.14)

El sufrimiento no produce vergüenza al contrario, nos afirma en quien hemos creído. (1 Ti.1:12) “Por ese motivo padezco estos sufrimientos. Pero no me avergüenzo, porque sé en quien he creído, y estoy seguro de que tiene poder para guardar hasta aquel día lo que le confiado”. Este capítulo desde el versículo 3 hasta el capítulo 3 es una exhortación a la fidelidad si importar los sufrimientos.

En una verdad como un templo que cuando entramos en este tema, no encontramos con un principio básico, que establece que sufrimiento que padecemos como seres humanos, no nos es posible comprenderlo dentro del contexto humano o natural, sino que tiene que incluir la parte espiritual. Nos hacemos una pregunta que jamás deberíamos hacernos: ¿Cómo puede un Dios Santo, justo permitir el sufrimiento? Pero es aquí donde no nos debemos rendir ante el misterio sin una dirección. Pues ante la cuestión del sufrimiento, es donde se amenaza a Dios  y a su carácter y sobre todo a su santidad. El apóstol Pablo en su experiencia del capítulo 12 de Segunda a  los Corintios Dios le da la respuesta, “Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad” Y como al principio de este estudios reconocemos la Soberanía de Dios. Y, punto.

(Los textos bíblicos son de la Nueva Versión Internacional editada por Editorial Vida)

Por Rev. Ramón Herrera

 

Terminado en 8/28/2003.

Los Milagros como Evidencia

Hay muchos cristianos que aseguran que el tiempo de los milagros ya pasó, son una especie de escépticos cristianizados, no existe un sólo versículo de la Biblia que respalde esa afirmación. Estos son los que destruyen la autenticidad de los Evangelios al rechazar los milagros, negando las bases del cristianismo. El seudo cristiano une sus fuerzas con el ateo; ya que ninguna excusa podrá silenciar la verdad de la Biblia.

Al mismo tiempo algunos afirman que: << No podemos demostrar que una revelación sea divina, si no hay evidencias externas >>.Esta afirmación involucra un problema que explicaremos mediante esta ilustración. Supongamos que aparece un extraño en cualquier ciudad de Estados Unidos, que es el portador de una «revelación divina» y como una acreditación de su mensaje exhibe poderes milagrosos. Asumamos que después de una investigación, se establezca la realidad de los milagros. Aquí surge una confrontación práctica. Si el «argumento cristiano» es correcto estamos obligados a aceptar cualquier tipo de Evangelio que este proclame. Y nadie que conozca algo de la naturaleza humana dudará que será muy bien recibido.

No obstante, el cristiano sería guardado de ello por las palabras del apóstol Pablo: » Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciara otro evangelio contrario al que hemos anunciado, sea anatema». El cristiano lo abandonaría en el acto. Además insistiría en aplicarle al obrador de milagros la prueba de la Biblia, y al hallarlo en contradicción con el evangelio que ya había recibido lo rechazaría, en otras palabras no aprobaría el mensaje por los milagros, sino por una revelación precedente que encontramos en la Biblia.

En el caso que Cristo viniera a fundar una nueva religión, y que el cristianismo fuera recibido en el mundo a causa de los milagros, estas son aseveraciones casi universales de la cristiandad. Puede ser alarmante que podamos mantener ambas afirmaciones, que son igualmente erróneas, y de la misma manera el cristianismo sería perjudicado por el error, pero a pesar de ello, esta es la conclusión a que apunta el anterior argumento, y que nos llevará a una investigación exhaustiva y muy cuidadosa. ¿Acaso no es un hecho que aquellos entre los cuales se obraron los milagros que Cristo hizo, fueron los mismos que después los crucificaron? ¿Acaso no es un hecho que al retarlo a que hiciera milagros para que apoyara sus afirmaciones mesiánicas, El se rehusó a hacerlo?” Entonces le respondieron algunos de los escribas y fariseos, diciendo: Maestro, queremos ver una señal de parte tuya. Pero respondiendo El, les dijo: Una generación perversa y adúltera demanda señal, y ninguna señal se le dará, sino la señal de Jonás el profeta: porque como estuvo Jonás en el vientre del monstruo marino tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra» (Mateo 12:38-40).

No obstante, al resumir este argumento, << se admite el hecho de que el cristianismo, fue recibido en el mundo sobre la base de la creencia en los milagros >>. Y esto es lo que los nuevos convertidos al cristianismo podrían haber alegado como su razón para haberlo abrazado. Sin Embargo ¿dónde radica la autoridad para apoyar estas afirmaciones? A ninguno de los discípulos del Señor se hubiera atribuido su fe sobre ésta base. La narración de la primera Pascua del ministerio de Cristo, parecería refutar esto, pero, es de hecho, la más clara prueba de todo lo contrario.» Cuando estaba en Jerusalén durante la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre al ver las señales que hacía. Pero Jesús, por su parte, no confiaba en ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diera testimonio del hombre, pues El sabía lo había en el hombre» (Juan 2:23-25).

Más adelante sigue la historia de Nicodemo, que era uno de estos «convertidos» a causa de «las señales que tú haces» Y se le tuvo que enseñar que no es el conocimiento lo que se precisa para el reino, sino poseer la vida, y esta vida tiene que empezar por el «nuevo nacimiento». El apóstol Pedro que participó en un privilegio especial al contemplar el milagro mayor, la Transfiguración en el monte santo dice lo siguiente: » Pues habéis nacido de nuevo, no de una simiente corruptible, sino de una que es incorruptible, es decir, mediante la palabra de Dios que vive y permanece» (1 P.1:23). “Y Jesús, respondiendo, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos» (Mat. 16:17). Mucho más notable es el caso del apóstol Pablo, un hombre de una devoción firme a los que él creía ser verdad, el testimonio completo del ministerio y de los milagros de Cristo le convirtió en amargo perseguidos del cristianismo. El explica su testimonio de esta manera » Obtuve misericordia» y añade » Agradó a Dios, que…me llamó por su gracia, revelar a Su Hijo en mi» Este testimonio de Pablo adquiere especial interés debido a su visión en el camino de Damasco podría llevarnos a llamar discípulo a causa del milagro ocurrido, si no fuera por su explicito testimonio.

Usted se preguntará, si los milagros de Cristo no se efectuaron para que fueran la base de la fe, ¿entonces por qué se efectuaron? Porque tenían un propósito noble, y una oportunidad de aliviar el sufrimiento. Es perfectamente natural que cuando: » aquel verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros» podíamos esperar y además era lógico que las enfermedades e incluso la muerte cedieran ante su poder.» Vosotros sabéis cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, el anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con El» (Hch. 10:38).Muchas personas piensan que el Señor obraba milagros a fin de silenciar la incredulidad. Esta idea es blasfema por su falsedad. De otra manera, leemos afirmaciones como la encontramos en Mateo 13:58.

 

“Y no hizo muchos milagros allí, a causa de la incredulidad de ellos». Aunque no hay registrado un solo caso en el curso de su ministerio terrenal en que fe apelara en vano al Señor, y esto es lo que hace tan extraño y además abrumador el reinado de la ley, tampoco hay registrado un solo caso en el que el reto de la incredulidad fuera premiado con un milagro.

Y esto nos sugiere el segundo gran propósito por el que se dieron los milagros. Para el pueblo judío, la religión y la política eran inseparables. Toda la esperanza de bendición espiritual descansaba en la venida del Mesías. Por un lado las muchedumbres solo pensaban, en primer lugar en su liberación del yugo romano y en la restauración de las glorias de su reino. Su venida, y era a éstas, a las que su última apelación iba dirigida.

» Examináis las Escrituras porque a vosotros pensáis que en ella tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengan vida» (Jn. 5:39-40).» Mas Abraham le contesto: << Si no escuchan a Moisés y los profetas, tampoco se persuadirán si alguno se levanta de entre los muertos>>». (Lucas 16:31).

A este respecto, la evidencia de los milagros fue incidental, es más no hay sugerencia en ningún lugar que estos se dieran para acreditar la enseñanza; el propósito de los mismos era única y solamente para acreditar al maestro. Ya que los milagros mostraran a los judíos lo que ellos tenían que esperar, a causa de su relación con la revelación anterior que era aceptada como de Dios, para aquellos sus beneficiarios. Descartándose que lo que es sobrenatural no necesariamente es divino. Si este hombre obra milagros, es enviado por Dios. La lógica es perfecta; pero el judío podía repudiar la premisa y naturalmente rechazar la conclusión. Muchos de los maestros de Israel atribuyeron los milagros de Cristo a Satanás, y el Señor respondió a la acusación no negando el poder satánico, sino que apeló a la naturaleza y el propósito de Sus actos.

Creer en los milagros, por el testimonio de las Escrituras aparece lógico en las enseñanzas después de la resurrección Como aparece en el evangelio de Lucas capítulo 24 y versículos 27-44. Tampoco fue de forma distinta cuando Pedro, que se dirigió a los judíos de Jerusalén, diciendo: » Y asimismo todos los profetas que han hablado desde Samuel y sus sucesores en adelante, también anunciaron estos días» (Hch. 3:24). También Pablo en su defensa delante del rey Agripa: » Así que habiendo recibido ayuda de Dios, continúo hasta este día testificando tanto a pequeños como a grandes, no declarando más que lo que los profetas y Moisés dijeron que sucedería: que el Cristo había de padecer y que por motivo de su resurrección de entre los muertos, El debía ser el primero en proclamar luz tanto al pueblo judío como a los gentiles» (Hch. 26:22-23). Y si pasamos a la enseñanza de la Epístolas tenemos que esta misma verdad es enseñada más explícitamente presentada, que Cristo vino a ser siervo de la circuncisión para confirmar las promesas hechas por los padres, y para que los gentiles glorifiquen Su amor y su misericordia.

Podríamos escribir miles páginas para demostrar, que Cristo no vino a fundar una nueva religión, ya que estaría más cerca de la verdad, que el propósito principal de Jesús era dar fin a la religión. En el único pasaje que se refleja esta palabra relacionada con la vida cristiana es en Santiago 1:27 » La religión pura y sin mancha delante de nuestro Dios y Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y guardarse sin mancha del mundo» Cristo era en Sí mismo, la realidad de cada tipo, la verdadera sustancia de cada sombra, el cumplimiento de cada una de las promesas del Padre. Si hablamos del altar o del sacrificio, del sacerdocio o del templo Cristo era el anti-tipo de todo ello. El verdadero propósito del Señor era el de poner todas las cosas a un lado a fin de poder colocar otras cosas en su lugar. El vino no a destruir la ley y los profetas, sino a cumplirlas y sobre todo vino como nuestro sustituto. A la luz de esta realidad se disipan los argumentos de los no creyentes. Cuando Jesús apareció, la cuestión con el pueblo judío no era si, como otro Juan el Bautista, se trataba meramente de » un hombre de Dios, sino si El era el Enviado, el Mesías a quien las Escrituras señalaban y daban testimonio de El: Juan 1:41-45 «Hemos hallado al Mesías» Por lo tanto, la cuestión no reside si una revelación puede acreditarse mediante la evidencia externa, sino si la evidencia es capar de acreditar a una persona cuya venida ha sido profetizada. Concluimos expresando lo siguiente:

1- El milagro no es evidencia cierta de la autenticidad de la revelación.

2- Cristo no es el fundador de una nueva religión, sino el clímax de la religión judaica.

3- El silencio de Dios se rompe en la persona y obra de Jesucristo.

4- Cristo no vino a presentar los milagros como sus credenciales, los milagros son una consecuencia de la fe de los demás puestas en El.

5- Ofreció una sola señal, la señal de Jonás, que apuntaba a su gran y poderoso milagro de Su resurrección.

 

(Las citas bíblicas tomadas de la Biblia de las Américas)

Por Rev. Ramón Herrera

Escrito: Abril del 2002

 

La Fe: El Verdadero Discipulado

«…la prueba de la verdadera fe es esta: ¿Produce obediencia?»

Todo el que se dice cristiano ¿lo es en realidad? Hay muchos incrédulos que hacen falsas profesiones de fe en Cristo, y también algunas personas no son verdaderamente cristianas pueden engañarse creyendo que lo son. Esto podía darse por sentado hace una década, pero ya no. La gracia barata y la fe fácil de un evangelio distorsionado están arruinando la pureza de la iglesia.

El relajamiento del mensaje del Nuevo Testamento ha traído con él un intrusismo corruptor que contempla casi cualquier tipo de respuesta positiva a Jesús como equivalente de fe salvadora. Los cristianos de hoy son propensos a aceptar cualquier cosa, fuera de un rechazo abierto, como auténtica fe en Cristo. Él caso de Nicodemo ilustra claramente este hecho. Él empieza la conversación con esta declaración de fe: «Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tu haces, a menos que Dios esté con él. (Juan 3:2). Esta es una declaración clara de la ineficacia de fe artificial. Nicodemo aparece así, como una ilustración de fe falsa; su mente aceptaba hasta cierto punto la verdad de Cristo pero su corazón permanecía sin ser regenerado.

Cuando Nicodemo oyó hablar de nuevo nacimiento, su mente debió hacerse un lío. Él había oído siempre que la salvación se ganaba por obras. Es probable que esperara que Jesús incluso le alabara por su legalismo; pero en lugar de ello él Señor le hizo ver la futilidad de su legalismo. ¡Que decepción! A diferencia de las obras religiosas, nacer de nuevo era algo que Nicodemo no podía hacer por sí mismo.

La contestación de Nicodemo «Yo no puedo empezar todo de nuevo. Es demasiado tarde en mi sistema religioso para empezar de nuevo. Para mi no hay esperanzas si tengo que empezar de nuevo desde él principio». Jesús se limitó a decir «de cierto, de cierto te digo que a menos que uno nazca del agua y del Espíritu, no puede entrar en él reino de Dios» (v. 5) Algunas personas dicen que se refiere a Agua (H2O), no es así. No tiene nada que ver con agua o bautismo.

Él agua de que Jesús está hablando es meramente simbólica, como lo era en él Antiguo Testamento, de purificación. Él bautismo implicado aquí, es él bautismo del Espíritu Santo. Este bautismo sucede en la salvación cuando él Señor introduce al creyente en él cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:13) y purifica al creyente en él agua por la palabra (Efesios 5:26; Juan 15:3). Pablo se refiere a esto como él «lavamiento de la regeneración y de la renovación del Espíritu Santo» (Tito 3:5), haciéndose eco casi exacto de la palabra de Jesús en Juan 3:5 «A menos que uno nazca del agua (él lavamiento de la regeneración) y del Espíritu (la renovación del Espíritu Santo), no puede entrar en él reino de Dios».

La siguiente pregunta de Nicodemo revela la turbación de su corazón: ¿como puede suceder eso? Nicodemo dijo «no entiendo», lo que realmente quería decir era «no creo». La incredulidad siempre engendra ignorancia. Los versículos 11 y 12 del tercer capítulo de Juan confirman que la incredulidad era el verdadero motivo, dice Jesús «de cierto, de cierto te digo que hablamos de lo que sabemos y testificamos de lo que hemos visto. Pero no recibís nuestro testimonio. Si os hablé de cosas terrenales y no creéis, ¿como pues creeréis si os hablo de las celestiales? La incredulidad no entiende nada.

Él versículo 26 va aún mas lejos, equiparando la desobediencia con la incredulidad: «él que cree en él Hijo tiene vida eterna; pero él que desobedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanecerá sobre él:» Así, la prueba de la verdadera fe es esta: ¿produce obediencia? Si no, no es fe que salva. Desobediencia es incredulidad, la verdadera fe obedece.

De esta forma introdujo nuestro Señor su evangelio. Notemos lo exclusivo que es; Jesús es la única fuente de salvación. Aquellos que no creen en su nombre son condenados, excluidos de la vida eterna. No importa lo sinceros o religiosos que sean, ni lo ocupados que estén haciendo buenas obras; todos deben nacer de nuevo. No hay promesa de vida, sólo garantía de condenación para quienes no se identifiquen con los pecadores y moribundos israelitas y se vuelvan de sus pecados con fe obediente al que fue levantado para que aquellos no tengan que perecer.

 

Por Rev. Ramón Herrera