|
|
CARTA
DE SAN FANCISCO A LOS GOBERNANTES DE LOS PUEBLOS DEL MUNDO Casi
al final de su vida, Francisco de Asís escribió una carta abierta a los
gobernantes de los pueblos. Más de mil francicanos venidos de todo el mundo,
reunidos a mediado de octubre en Brasilia intentaron rescribirla. Leonado Bofflo
que aportó su colaboración a este
empeño. “A
todos los jefes de Estado y portadores de poder de este mundo, yo fray Francisco
de Asís, vuestro pequeñuelo y humilde siervo, deseo Paz y Bien. Os cribo este mensaje con el corazón en la mano y los
ojos dirigidos a lo alto en súplica. Oigo viniendo de todas partes, dos
clamores que suben hasta el cielo. Uno es del grito de la Madre Tierra,
terriblemente devastada. El otro es la queja lacerante de millones y millones de
hermanas y hermanos nuestros hambrientos,
enfermos y excluidos, los seres más amenazados de la creación. El
clamor de la injusticia ecológica y de injusticia social que implora ser
escuchada urgentemente. Tenemos
poco tiempo, y nos falta sabiduría. La rueda del calentamiento global del
Planeta está girando y ya no podemos detenerla. Pero podemos disminuir su
velocidad e impedir sus efectos catastróficos. No
queremos que nuestra Madre Tierra, par salvar otras vidas amenazadas por
nosotros, se vea obligada a excluirnos de su propio cuerpo y de la comunidad de
los seres vivos. Durante
demasiado tiempo nos hemos comportado como un Satán, explotando y devastando
los ecosistemas, cuando nuestra vocación e ser el Ángel Bueno, el Cuidador y
el Guardián de todo lo que existe y vive. Por
eso, mis señoras y mis señores,
os aconsejo firmemente que peséis no solamente en el desarrollo sostenible de
vuestras regiones, os aconsejo que penséis en el Planeta como un todo, como la
única Casa Común que tenemos para vivir, para que siga teniendo vitalidad e
integridad y preserva las condiciones para nuestra existencia y para la de toda
la comunidad terrenal. La
tecnociencia que ayudo a destruir, puede ayudarnos a rescatar. Y será salvadora
si la razón viene acompañada de sensibilidad, de corazón, de compasión y de
reverencia. Os
advierto humildemente, hermanas y hermanos
míos, que si no hacéis esta alianza sagrada de cuidado y hermandad
universal, deberéis rendir cuentas ante el tribunal de la humanidad y
enfrenarnos al Juicio de Señor y
de la historia. Queremos
que nuestro tiempo sea recordado como un tiempo de responsabilidad colectiva y
de cuidado amoroso con la Madre Tierra y con toda la vida. Finalmente,
hermanos y hermanas, moldeadores y moldeadoras de nuestro futuro común:
recordad que la Tierra no nos pertenece. Nosotros le pertenecemos
a ella, que nos gestó como hijas e hijos queridos. Cuesta aceptar de
después de tantos millones y millones de años sobre este planeta
esplendoroso, tengamos que ser expulsados de él. Por
la iluminación que me viene de lo Alto, presiento que no estamos ante una
tragedia de final desastroso. Estamos dentro de una crisis que nos acrisolará,
nos purificará y nos hará mejores. La vida está llamada a la vida. Nacidos
del polvo de las estrellas, el Señor del universo nos creó para brillar y
cantar la belleza, la majestad y la grandeza de la Creación que el espacio del
Espíritu y el templo de la Santísima Trinidad, del Padre, Hijo y Espíritu
Santo. Si
observáis todo esto que Dios me ha inspirado y os he comunicado en breves
palabras, os aseguro que la Tierra
volverá nuevamente a ser el Jardín del Edén y nosotros sus dedicados
jardineros y cuidadores”
Firmado: F. de Asís.
|
|